Cuando un niño se lleva la mano a la oreja, llora al acostarse o está más irritable de lo normal, distinguir entre una molestia pasajera y una otitis no siempre es sencillo. En este artículo explico las causas más habituales del dolor de oído en niños, qué puedes hacer en casa, cuándo conviene pedir cita y qué señales justifican una valoración urgente.
Las claves para actuar con calma ante un oído dolorido
- La causa más frecuente es una infección relacionada con un catarro, aunque también puede deberse a agua, cera, un cuerpo extraño, la garganta o los dientes.
- El dolor se puede aliviar con paracetamol o ibuprofeno adecuados para su edad y peso, siguiendo el prospecto o la indicación médica.
- No introduzcas bastoncillos, aceite ni gotas sin saber si el tímpano está íntegro.
- Consulta si dura más de 48-72 horas, aparece secreción, cambia la audición o el niño empeora.
- Acude a urgencias si hay hinchazón detrás de la oreja, gran decaimiento, dificultad para despertar o fiebre en un bebé menor de 3 meses.
Qué puede estar causando el dolor de oído
La otitis media es una de las explicaciones más conocidas. Suele aparecer después de un resfriado porque la trompa de Eustaquio, el conducto que comunica el oído medio con la parte posterior de la nariz, se inflama y acumula líquido. En ese contexto son habituales la fiebre, el llanto nocturno, la irritabilidad y la sensación de oído taponado.
También existe la otitis externa, una inflamación del conducto auditivo que puede surgir tras nadar o pasar mucho tiempo en la piscina. Una pista bastante típica es que el dolor aumenta al tocar o tirar suavemente de la oreja. En verano se confunde con facilidad con la otitis media, pero no son exactamente el mismo problema ni siempre se tratan igual.
El oído no siempre es el origen. Un tapón de cera, un objeto introducido por el niño, una caries, la salida de los dientes o una infección de garganta pueden producir dolor reflejado en esa zona. Por eso no intento adivinar el diagnóstico solo por los síntomas: la exploración con otoscopio es la que permite valorar el tímpano y orientar el tratamiento.
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Qué señales puede mostrar un niño pequeño
Un bebé no suele decir “me duele el oído”. Puede llorar más al tumbarse, rechazar el biberón o el pecho, tocarse una oreja, dormir peor o reaccionar con enfado ante sonidos habituales. Tirarse de la oreja, por sí solo, no confirma una otitis, especialmente durante la dentición.
En niños mayores resulta útil preguntar si oyen menos, si sienten presión o si el dolor empeora al masticar. Yo también observo el estado general: un niño que juega y bebe líquidos no plantea la misma urgencia que otro muy decaído, somnoliento o incapaz de descansar por el dolor.
Qué hacer en casa durante las primeras horas
Lo primero es comprobar la temperatura, ofrecer líquidos y procurar que el niño descanse. Para aliviar el dolor pueden utilizarse paracetamol o ibuprofeno, siempre en la dosis correspondiente a su peso, edad y presentación concreta. No conviene alternarlos de forma automática ni calcular la cantidad “a ojo” con una cucharilla doméstica.
Una compresa templada sobre la parte externa de la oreja puede resultar agradable durante unos minutos, siempre que no esté demasiado caliente. Si hay secreción, limpia únicamente la parte exterior con una gasa, sin taponar el conducto ni intentar retirar lo que haya dentro.
- Mantén al niño ligeramente incorporado si al acostarse nota más presión.
- Evita que entre agua en el oído mientras exista dolor o supuración.
- Comprueba que bebe y orina con normalidad, sobre todo si también tiene fiebre.
- Anota la hora de inicio, la temperatura y el medicamento administrado.
Los descongestionantes, antihistamínicos y sprays nasales no deben darse por iniciativa propia para tratar una posible otitis. Tampoco usaría gotas óticas sin recomendación profesional, porque algunas no son adecuadas si existe una perforación del tímpano o si el niño lleva drenajes.
Cuándo pedir cita con el pediatra
Si el dolor es leve y el niño se encuentra razonablemente bien, se puede vigilar la evolución durante un corto periodo. Aun así, conviene solicitar valoración si no mejora en 48-72 horas, si reaparece con frecuencia o si la fiebre y el malestar van a más.
La consulta debería ser más rápida cuando aparece líquido, pus o sangre por el oído, disminuye la audición, hay mareo o el dolor impide comer y dormir. En menores de 2 años, el dolor en ambos oídos merece especial atención, igual que cualquier episodio en un niño con defensas bajas, problemas auditivos previos o tubos de ventilación.
| Situación | Actuación razonable |
|---|---|
| Dolor leve, sin fiebre alta y con buen estado general | Aliviar, observar y pedir consejo si no mejora en 2-3 días. |
| Fiebre, dolor intenso o secreción | Contactar con el pediatra o el centro de salud para una valoración. |
| Objeto en el oído, pérdida auditiva repentina o golpe | No manipular y solicitar atención médica. |
| Hinchazón detrás de la oreja o gran decaimiento | Acudir a urgencias. |
En un bebé menor de 3 meses con una temperatura de 38 °C o más, no esperaría a que aparecieran otros síntomas. La edad cambia mucho la valoración del riesgo y justifica contactar de forma urgente con un profesional sanitario.
Antibióticos, gotas y remedios caseros que conviene evitar
No todas las otitis necesitan antibiótico. Algunas mejoran solas, especialmente cuando están relacionadas con infecciones víricas, y otras sí requieren tratamiento según la edad, la intensidad de los síntomas, la exploración y si hay supuración. Empezar un antibiótico sobrante puede ocultar la evolución, provocar efectos secundarios y dificultar que el tratamiento sea el adecuado.
Las gotas también dependen del diagnóstico. El dolor tras la piscina puede requerir un enfoque distinto al de una otitis media, mientras que la presencia de un tímpano perforado limita qué productos son seguros. Que una gota haya funcionado otra vez no significa que sirva para este episodio.
Hay tres errores domésticos que intento evitar especialmente. El primero es introducir bastoncillos, pinzas o la esquina de una toalla. El segundo es echar aceite, alcohol o agua oxigenada sin indicación. El tercero es aplicar calor intenso, porque puede irritar la piel y retrasar la consulta si existe una infección importante.
La aspirina tampoco es una opción para aliviar el dolor infantil. Ante cualquier duda sobre la dosis, es preferible consultar al farmacéutico o al pediatra con el peso actual del niño y el nombre exacto del medicamento.
Señales de alarma que requieren atención urgente
Hay síntomas que no encajan con una simple molestia pasajera. La inflamación, enrojecimiento o dolor detrás de la oreja, especialmente si hace que la oreja parezca desplazada hacia delante, requiere valoración urgente porque puede indicar una infección de la zona mastoidea.
También acudiría a urgencias si el niño está muy somnoliento, confuso, pálido o difícil de despertar; vomita repetidamente; tiene rigidez de cuello, dificultad para caminar o una pérdida brusca de audición. La fiebre por sí sola no determina siempre la gravedad, pero combinada con mal estado general cambia la prioridad.
- Dolor intenso que no cede con el analgésico indicado.
- Secreción abundante, sangre o mal olor persistente.
- Hinchazón alrededor o detrás de la oreja.
- Deshidratación, respiración anormal o incapacidad para beber.
- Empeoramiento rápido o ausencia de mejoría tras el tratamiento prescrito.
Si el niño está estable pero el episodio se repite varias veces al año, conviene comentarlo en revisión. Las infecciones recurrentes o una audición reducida pueden afectar al descanso, al lenguaje y al rendimiento escolar, aunque el dolor haya desaparecido.
Cómo reducir nuevos episodios sin obsesionarse
No es posible prevenir todas las otitis, sobre todo durante la etapa de guardería. Aun así, ayuda evitar el humo del tabaco, mantener al día las vacunas recomendadas y lavarse las manos con frecuencia para reducir los catarros que preceden a muchas infecciones del oído medio.
Después de la piscina, basta con secar la parte externa de la oreja con suavidad. No recomiendo introducir bastoncillos para “sacar el agua”, porque pueden irritar el conducto y empujar la cera hacia dentro. Si el dolor aparece cada vez que nada, el pediatra puede valorar si existe una predisposición a la otitis externa.
La lactancia materna, cuando es posible, y evitar que el bebé tome el biberón completamente tumbado pueden contribuir a reducir algunos factores de riesgo, pero no son una garantía. Mi enfoque es práctico: menos manipulación del oído y más observación del estado general.
Para la consulta, llevar un registro sencillo suele ser más útil que recordar los detalles de memoria. Apunta cuándo empezó, qué oído afecta, si hubo catarro o piscina, la temperatura, la medicación administrada y si notas cambios en la audición.
La mejor decisión suele empezar por mirar al niño, no solo al oído
El dolor de oído infantil puede ser intenso, pero en muchos casos se resuelve con alivio adecuado y vigilancia. Lo que marca la diferencia es reconocer la evolución, evitar remedios que puedan dañar el conducto y pedir ayuda cuando aparecen secreción, pérdida auditiva, fiebre preocupante o alteraciones del estado general.
Si algo no encaja con el patrón habitual o tu intuición te dice que el niño está peor, consulta. Una valoración a tiempo permite tratar lo necesario sin convertir cada molestia en una urgencia ni cada otitis en un tratamiento automático.